Leopoldo Torre Nilsson según Beatriz Guido (nota 3 de 3)

Beatriz Guido y Leopoldo Torre Nilsson

Un año después del fallecimiento de Leopoldo Torre Nilsson -acontecido el 8 de septiembre de 1978- Jorge Abel Martin entrevista a la escritora Beatriz Guido para su libro-homenaje "Los films de Leopoldo Torre Nilsson". A continuación reproducimos esa charla íntegramente:
Conversaciones accidentales con Beatriz Guido en la confitería del Molino, una mañana de septiembre de 1979:
A mediados de abril de 1951, Ernesto Sábato me presentó a Leopoldo Torre Nilsson. La cita era para las cinco de la tarde, pero él llegó a las cinco menos cuarto. Cuando abrí la puerta, supe que el hombre que ocupaba todo el vano y yo, estaríamos ligados para siempre a la vida y a la muerte. Su mano no deja ni dejará de apoyarse en la mía.
Mi primer encuentro fue una mentira. Dije, mentí que había visto "El crimen de Oribe" en portugués. Él se sorprendió. Yo regresaba de Roma, después de dos años y había publicado un libro de cuentos. Se trataba de una fantasía que se haría realidad. Y Torre Nilsson creyó en ella. Los dos buscamos que ese primer encuentro, que esa primera fantasía se hiciera realidad con todos sus films.
"Ciudadano y cineasta genial, amó a sus amigos, a los suyos y a su país por encima de todas las cosas". Creo que en esas palabras que escribieron sus amigos sobre su tumba, está resumida toda su obra y toda su personalidad.
Pienso que alguna vez voy a poder escribir, casi como una necesidad de sobrevivirme o de sobrevivirnos, paso a paso su biografía. Hoy, cuando a las cinco de la tarde siento que en mi casa comienza a sonar el timbre y los cineastas jóvenes vienen en busca de resolver la incógnita de la imagen, la búsqueda de una expresión cinematográfica sin censura, con absoluta libertad de expresión, comprendo que debo salir otra vez de mi misma, de nuestra propia biografía, para contar, para expresar su lucha, su trabajo y, como reza el título de este libro "Los films de Leopoldo Torre Nilsson", tratar de marcar en cada libreto cinematográfico cómo fueron gestados y cómo se escribían. Leopoldo era un lector de cuatro o cinco horas diarias: A las cinco y media o seis de la mañana ya estaba despierto y al lado de su mesa de luz tenía varios libros, muchos en inglés, sobre literatura norteamericana. Él era un apasionado de las biografías cinematográficas. Sus dos pasiones eran el cine y la literatura. Inseparables.
Yo soy un escritor con visera, no sé hacer otra cosa que escribir. Y él tenía también esa pasión tan definida por el cine y el oficio de escribir que muchísimas veces no sabíamos dónde terminaba uno y donde empezaba el otro. Leopoldo era un buceador de librerías. A él le gustaba ir, revisar, descubrir. En nuestros viajes -recuerdo Nueva York- se pasaba las horas en "Brentano", tratando de desentrañar y descubrir los últimos libros, los último relatos, la penetración anímica que después iba a infundir a sus personajes.
¿Cómo gestaba un film? A la mañana, él escribía en papelitos con su membrete, la línea de aquél film que deseaba hacer. Lo escribía en forma de cuento. Después la leíamos y a las ocho de la mañana ya estaba en su oficina. Allí citaba a sus colaboradores más inmediatos. En los últimos tiempos, sus hijos [Javier Torre y Pablo Torre], [Rodolfo] Mórtola, e inmediatamente llamaba al equipo. Anteriormente, los colaboradores más cercanos fueron [Héctor] Grossi, [Edmundo] Eichelbaum, Mabel Itzcovich, Luis Pico Estrada, [Ricardo] Becher, [Ricardo] Luna, hermanados por idéntica pasión. Creía firmemente en la realización de sus proyectos y se entregaba en desesperadas luchas palaciegas.
Reescribía sus films todo el tiempo; pero sin embargo, cuando la película terminaba ya estaba casi compaginada. Él veía un film como si viera un cuento o un poema. Es decir, cuando él la entregaba, la película estaba casi armada. En el set, todo era un ballet, pero no un ballet de ensayo, sino una suerte de realización en estado de vigilia. No se escuchaba un grito, no había una contraorden. Leopoldo decía que prefería equivocarse, antes que darle a su equipo la sensación de duda. Él llegaba absolutamente seguro de aquello que tenía que hacer, aunque estuviera dudando y muriéndose por dentro.
El momento más placentero era la hora de ir a los laboratorios Alex, a ver los 'campeones' (1). En el extranjero sufrió porque no tenía a su gente, aunque se llevó a muchos. Casi la mitad del equipo en Puerto Rico, eran argentinos.
Yo recuerdo cuando filmó "La chica del lunes" y "Los traidores de San Ángel". Tenía un camino abierto sensacional. Vivíamos en un hotelito atrás del Plaza, en Nueva York, en un hotel muy barato, una habitación que nosotros habíamos arreglado con un Cristo colonial que habíamos comprado en México. Pero para recibir a los productores, porque él quería a todo trance conseguir un productor norteamericano, que al final lo consiguió, para producir "Martín Fierro", que era una de sus grandes, entonces nos vestíamos elegantísimos, como podíamos, y de este hotelito, que estaba al lado de una funeraria, él se cruzaba por la puerta de atrás del Plaza y citábamos allí los productores, a tomar un cóctel, para convencerlos de que en la Argentina se podían hacer películas, que no éramos aquella gente que él tenía en la idea de que en las latas mandaban tierra y papeles, en vez de negativo. Y así, en esa lucha constante, sin desfallecer, casi diría sin caídas, hacía antesalas.
Después de la Revolución Libertadora, Leopoldo comprendió que no había otra salida para el cine argentino, que fuera darle una ley de cine. Él sabía que la oferta y la demanda es una cosa imposible para el cine de cualquier lugar del mundo y sobre todo en este país, con la imposibilidad de conquistar a todo este tipo de público sobre todo para el tipo de cine que él quería que se hiciera. Recuerdo exactamente que durante un año y medio, viviendo ayudados por May Nilsson de Torre [la madre de Leopoldo Torre Nilsson], [Leopoldo] Polo Torres Ríos [el padre de Leopoldo Torre Nilsson], y Leopoldo, junto a Carlos Hugo Christensen, hacían antesalas con Aramburu, para tratar de sacar esa maravillosa ley que produjo la "Generación del '60" (2).
Leopoldo fundó una sociedad, la A.D.P. en la cual estaban [Lucas] Demare, [Mario] Soffici y, sobre todo, el amigo que lo acompañó durante todo ese tiempo, junto a Carlos Hugo Christensen, que fue [Daniel] Tinayre. Extrañamente, Tinayre era el que hacía las antesalas con él y que les gritaba para decirles lo que significaba que no tuviéramos una ley de cine.
Leopoldo fue un luchador, un denodado luchador, que quería a sus amigos y decía que había una sola forma de amistad. Era gran amigo de los críticos. Era hijo adoptivo de Calki; adoraba a Grossi, a Eichelbaum, a [José Agustín 'el Negro'] Ferreyra, a [Salvador] Sammaritano, a [Jorge Miguel] Couselo, adoraba a todo ese núcleo que tanto había estado tan cerca de Terra. Tenía una pasión muy intensa por sus hijos. Los iba a recoger dos o tres veces por semana, los llenaba de libros, los tenía muy junto a él y por sobre todas las cosas era un hombre que no tenía pudor con sus sentimientos. Con su imagen adusta, que a veces producía temor y daba la sensación de que no había acercamiento, era un hombre que no tenía ningún pudor en adorar a su padre, en salir con su madre, en llevarlos con él, en viajar con ellos.
Fue un sindicalista en el amplio sentido de la palabra. Un hombre que luchó por sobre todas las cosas por tener un cine industrial, pero a su vez era un gran demócrata. Todos conocen su ideología política, que era una ideología con defensa absoluta del individuo. Creía en la libertad absoluta del individuo. Era un hombre que atacaba a la censura como a un roedor que invade el cuerpo del hombre. No era un demagogo, tenía un enorme desprecio por los demagogos. Fue muy combatido por todos aquéllos que no vieron en él a un hombre al que por sobre todas las cosas amaba las libertades individuales, pero que también tenía un profundo sentido de la justicia universal. Era un librepensador, es indudable, pero también tenía un enorme respeto sobre el misterio y las profundidades de lo sobrenatural. Venía de un hogar protestante-católico. Él estaba marginado pero era respetuoso. Tenía grandes amigos religiosos con los cuales no discutía, sino que los admiraba, como el padre Quiles, el padre Harpa y el rabino Ackermann y sus parientes pastores de Lomas de Zamora. Era un hombre al cual la justicia individual, la problemática, lo apasionaba.
Leopoldo trabajó completamente ligado a la producción, por eso no dejó nunca de filmar, porque él no podía jamás traicionar al productor, porque decía que hermanándose la dirección y la producción era la única forma de seguir expresándose.
Él decía que su película más completa era "La mano en la trampa". Decía que no podía decir cuál era la que más le gustaba totalmente. A él le gustaban escenas de cada uno de sus films. Poseía una enorme compenetración con Alfredo Alcón. Y decía que si tenía que hacer la vida de un gigante, la hacía con Alfredo y si tenía que hacer la vida de un enano, también la hacía con Alfredo. La relación entre ellos era más que una hermandad, era una suerte de conductos sanguíneos en la cual la amistad, la ternura, el roce, les bastaba. Una mirada era suficiente para saber el sentido de la voz y el gesto.
Era un hombre que no tenía el mal humor gratuito. Recuerdo un día en que estábamos muy tristes: regresábamos de Berlín, en que "La caída" estuvo a punto de ganar el primer premio y no lo ganó. Nosotros necesitábamos terriblemente de ese premio en el exterior para su estreno en Buenos Aires. Al llegar a Londres fue a un quiosco de diarios y compró todos los diarios franceses. Y en uno de esos diarios, en la primera página, decía: "Equivicación del jurado de Berlín. Obra maestra "La caída".
Hubo gente que no le perdonó a Leopoldo su antiperonismo que, hay que dejarlo bien sentado, era un antiperonismo muy respetuoso. Él lo que odiaba era todo aquello que significó el ostracismo de su padre y de toda una generación. Pero era respetuoso del talento, se inclinaba ante el talento, aunque fuera de un opositor.
(Aquí la conversación se trunca. No se puede seguir hablando. Ni ella, ni yo. Tal vez, otra mañana casual de cualquier día de noviembre o diciembre de los próximos años...)

Extraído del libro:
"Los films de Leopoldo Torre Nilsson"
de Jorge Abel Martín
Buenos Aires - Ediciones Corregidor - 1980
(pp. 75 a 77)


(1) Deformación del término  'copión' que designa a una copia positiva del material filmado que se usa para trabajar en la sala de montaje.
(2) Conjunto de jóvenes realizadores que se iniciaron en la dirección de films durante la década del '60. Muchos de estos cineastas se formaron en las Universidades y escuelas de cine que se constituyeron a mediados o fines de los años '50, entre las que se destacan: el Departamento de cine de la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Nacional de La Plata, el Instituto  de Cinematografía de la Universidad del Litoral en Santa fe y el Centro Experimental Cinematográfico (hoy ENERC) en Buenos Aires, este último dependiente del Instituto Nacional de Cine, organismo de protección del quehacer cinematográfico fundado a instancias de la "Ley de cine" del año 1957 (que en verdad es el decreto-ley 62/57). Algunos de estos jóvenes artistas filmaban por fuera de la industria cinematográfica y solventaban sus carreras artísticas con sus trabajos en la industria de la publicidad. Entre los cineastas destacados de esta generación figuran: José Martínez Suárez, Rodolfo Kuhn, David José Kohon, Lautaro Murúa, Manuel Antín, Leonardo Favio y Juan José Jusid.

Beatriz Guido según Leopoldo Torre Nilsson (nota 2 de 3)

A Beatriz:
Como te quise te quiero
Como te tuve te tengo
Sólo sé que si me muero
te mato y no me contengo (1)

Beatriz Guido

En el siguiente escrito, el realizador Leopoldo Torre Nilsson da cuenta de su fructífera relación laboral con la escritora Beatriz Guido:
Ruedo la mayor parte de mis películas sobre argumentos de mi mujer, la novelista Beatriz Guido.
Sin embargo, después de leer su libro "La casa del ángel", no me gustaba. El film se construyó, por decirlo así, contra la novela, aunque de pleno acuerdo con la autora.
De hecho yo participo en todas las fases de elaboración de mis películas. Considero este trabajo, anterior al rodaje, como fundamental y creo que un realizador completo debería ser el único creador en esta fase. Pero los hombres capaces de eso no abundan: Eisenstein, Chaplin, Welles, Stroheim.
Por otra parte, el cine está todavía en una etapa experimental en este aspecto. El mejor modo de desarrollar un tema sigue siendo el de los italianos: el trabajo en equipo. De esta forma cada uno aporta ideas sobre los matices, las situaciones y las expresiones que enriquecen el argumento.
Beatriz coincide, por medio de sus novelas, de gran imaginación, perfectamente con mi universo. Me siento colaborador de sus novelas tanto como ella es colaboradora de mis películas, más allá del simple argumento. Juntos inventamos situaciones, diálogos y personajes, y llega el momento en que ya no nos acordamos muy bien de a quién pertenece tal situación o tal diálogo. Quizá los míos son más "cerebrales" y los suyos más "visuales".
El universo de Beatriz se ha incorporado al mío de una forma completamente natural y continúa, completando mi obra anterior. El mundo del cine ha mejorado a Beatriz como novelista dándole una mayor riqueza visual y más verdad en los relatos. Mi universo cinematográfico se ha enriquecido intensamente con su aportación en situaciones y personajes
Leopoldo Torre Nilsson (2)


(1) Dedicatoria de Leopoldo Torre Nilsson a Beatriz Guido en la novela: "Jorge, el nadador" de Leopoldo Torre Nilsson. Buenos Aires. Ediciones Torreón. 1978
(2) Reproducido en "Leopoldo Torre Nilsson", folleto de la Filmoteca Nacional de España, 1979.
Extraído textualmente del libro "Torre Nilsson por Torre Nilsson" Selección y prólogo de Jorge Miguel Couselo. Buenos Aires. Editorial Fraterna. 1985 (pp. 134 y 135)

Beatriz Guido y Leopoldo Torre Nilsson (Nota 1 de 3)

Se conocieron el 15 de abril de 1951 en casa de un amigo en común: el escritor Ernesto Sábato, quien los había invitado a compartir una velada juntos. Ella, Beatriz Guido, una joven promesa literaria rosarina, sólo había publicado el libro de cuentos “Regreso a los hilos”. Él, Leopoldo Torre Nilsson, había estrenado hacía poco más de un año su primer film, "El crimen de Oribe", codirigido con su padre, y era uno de los realizadores más jóvenes e innovadores del país inmerso en una sociedad que mirada con desconfianza a la juventud.

Ambos se sintieron atraídos el uno por el otro. Ella comenzó la relación mintiendo y él le creyó: Beatriz lo felicitó por su film “El crimen de Oribe” que ella había tenido el gusto de ver en Portugal, nada menos. El dato sorprendió e indignó a Nilsson que no sabía que su film había sido vendido al exterior. Al día siguiente descubriría que la película nunca había salido del país.

Pero durante esa velada ellos no estaban solos, sino que habían concurrido con sus respectivos esposos: ella en compañía de su marido el abogado Julio Gottheil y él junto a su mujer Pilar Barcos, la madre de sus dos hijos Javier y Pablo.

Pronto dejaron atrás sus matrimonios, pero no se divorciaron porque no había legislación que lo permitiera, y comenzaron una historia de amor que continuaría hasta la muerte del realizador en 1978. Aunque ella, fiel a su mundo imaginario, difuminó sus vínculos sentimentales previos y en una oportunidad llegó a declarar :“Leopoldo es mi vida. De las manos de mi padre pasé a las de él, de modo que no conozco otra forma de existencia que no sea con Bubsy (apodo de Torre Nilsson)” [en revista radiolandia 2000, 5-5-1978].

A mediados de los años cincuenta, Beatriz Guido comenzó a colaborar en las producciones audiovisuales de Nilsson. Se sabe que ella es la responsable de los diálogos entre la depresiva Elisa Christian Galvé y el muchacho que la corteja, Duillo Marzio, en “Días de odio” (1954), la adaptación del cuento de Borges “Emma Zunz”.

En 1954, Beatriz apuntalará su prestigiosa carrera literaria al obtener el galardón del primer premio emecé para su novela “La casa del ángel”, que luego, en 1957, Torre Nilsson adaptará (con guión de Beatriz Guido, Martín Rodríguez Mentasti y el propio Nilsson) para el estudio Argentina Sono Film, protagonizada por Elsa Daniel, Lautaro Murúa y Guillermo Battaglia .

“La casa del ángel” convocó a más de un millón de espectadores en Argentina, su busqueda estética significó una ruptura estilístico-temática con el cine que se había filmado en Argentina hasta ese entonces e iluminó el camino de los nuevos cineastas que se iniciarían en los años sesenta. Pero también “La casa del Ángel” inauguró un ciclo de colaboraciones entre el mundo literario de Beatriz Guido y el audiovisual de Leopoldo Torre Nilsson que continuará en nueve films más: “El secuestrador” (1958), “La caída” (1959), “Fin de fiesta” (1960), “La mano en la trampa” (1961), “Piel de verano” (1961), “Homenaje a la hora de la siesta” (1962), “La terraza” (1963), “El ojo que espía” (1966) y “Piedra libre” (1976).

Leopoldo Torre Nilsson

Beatriz Guido

Fuente:
-"El gran Bubsy" de Mónica Martin
Buenos Aires - Editorial Sudamericana - 1993
-"Del papel al celuloide, escritores argentinos en el cine" de Agustín Neifert
Capítulo 3: "La conjunción creativa de beatriz Guido y Leopoldo Torre Nilsson"
Buenos Aires - La crujía - 2005 (pp.93 a 113)

Críticas a "La chica del Lunes" en el festival de Cannes

Geraldine Page, Deborah Reed y Arthur Kennedy en "La chica del lunes"

En 1967 Leopoldo Torre Nilsson presenta en el festival de Cannes su film "La chica del lunes" (Monday's Child), el primero de los dos films que rodó en Puerto Rico producidos por André du Rona, quien aquí también es autor de la idea original.

A continuación reproducimos las opiniones vertidas por los críticos cinematográficos de la época que asistieron a las proyecciones de este film en el festival de Cannes:

Yo he amado muy intensamente esta muy auténtica pintura de América Latina. Este reencuentro de una familia (Sánchez) con un acaudalado empleado norteamericano. Este film es uno de los mejores, quizá el mejor que haya realizado Torre Nilsson. Es junto al yugoslavo Petrovic la mejor obra presentada en Cannes, en competición o fuera de ella.
Georges Sadoul en "Les Lettres Francaises"


El explica una anécdota espantosa en el sentido de la crítica de costumbres norteamericanas. Sin el talento de Torre Nilsson, virtuoso de las imágenes insólitas, el panfleto no lograría más que hacernos sufrir pruebas intolerables.
Louis Chauvet en "Le figaro"


La chica del lunes es un film duro y cruel que sirve de pretexto a una violenta crítica social que no perdona a nadie. El autor ha presentado una lúcida visión de un mundo en descomposición, dotado de un sentido de la imagen que no ha de sorprender a quienes conocen la obra de Torre Nilsson (citemos 'La casa del ángel' y 'La mano en la trampa') pero que no ha perdido nada de su poder de expresión.
Robert Chazal en "Le Soir"


Para Torre Nilsson todo sirve de pretexto para mostrar una realidad cruda. Es un film muy cruel que aboga por la generosidad, la lucidez... y en el fondo de todo esto, el amor de los seres. Notamos por otra parte una admirable dirección de actores. Leopoldo Torre Nilsson se impone con este film como uno de los mejores realizadores del mundo.
Samuel Lachize en "L'humanité"


Estas críticas han sido extraídas del libro
"Los films de Leopoldo Torre Nilsson"
de Jorge Abel Martin
Buenos Aires - Editorial Corregidor - 1980 (p.46)